Fellows

Irene Montes Londono, MFS

2016 TRI Fellow in Colombia
 

Generating basic silvicultural data for the Neotropical tree species Maclura tinctoria in silvopastoral systems of the Andean foothills in Colombia

Notes from the Field

During the last month, I have been measuring dinde trees of different ages on farms of the coffee region in Colombia. It hasn’t been easy, but I can’t deny that it has been fun and rewarding. I have been bitten by mosquitoes and angry ants, stung by the dinde thorns countless times, and wrapped in cobwebs; I’ve slipped and fallen on steep slopes, I have been surprised by heavy rains, my clothes have been shredded passing through wire fences, and I’ve sweated under the intense midday tropical sun. But I also have seen beautiful colorful spiders, worms and butterflies, shimmering beetles, irritable bees and wasps. I have photographed iridescent hummingbirds, loud parrots, elusive owls, runner agoutis, minute flowers and mysterious unidentified plants. I’ve taken part in inspiring projects where agroecology blends with art, and I have learned valuable lessons from wise campesinos who have, very courageously, opted out of the industrial farming model.

In conversations with people that I have met during my research, I have noticed that not only is there limited knowledge and information regarding the silvicultural management of trees but also about which species to plant according to climate, soils, and the different needs of the farm. I also confirmed that, in many cases, the reason why more trees are not conserved or planted on farms is because of the inefficient and complicated procedures that farmers have to endure inorder to take advantage of their timber products. It became apparent that agroecological producers need markets that will pay a fair price for the products their farms produce. They also need to create value chains for lesser-known products coming out of diverse agroecological systems.

Above all, I have been able to see the region where I was born and raised with different eyes. These different eyes inquire why a certain plant grows here and not there, which species could be used to recover a degraded soil, which one could be an indicator of a fertile or a dry soil, which one could restore water quality and flow, which one attracts birds, which one provides good shade for crops, which one attracts pest’s natural enemies, which one produces valuable wood or firewood, which one has medicinal properties, and which one has all of the above!

In my search for dinde, I met Carlos Jaramillo, a master carpenter/artist who creates incredible pieces of furniture from precious woods including dinde. Photo credit: Carlos Jaramillo Carpintería

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Versión en Español

Soy una convencida de que el territorio puede manejarse de forma sostenible; de que podemos producir alimentos sanos libres de venenos y a la vez mantener limpia y conservar el agua de nuestras quebradas; de que podemos aprovechar la biodiversidad y los servicios que nos dan los ecosistemas para nuestro propio beneficio; de que podemos consumir alimentos producidos localmente y generar economías locales, verdes, justas e inclusivas. Lo creo así, porque crecí en una finca donde sembrando árboles se recuperó el suelo que estaba agotado por la agricultura y la ganadería intensivas, donde todo lo que se produce es orgánico, donde se restauraron los bosques de guadua alrededor de las quebradas y se recuperó la calidad del agua, y donde el manejo agroecológico permitió además que la capacidad de carga animal de la finca se duplicara, se redujeran las plagas, se mitigaran los efectos de fuertes vientos y sequías, y disminuyeran los costos de producción.

Desde hace mucho tiempo vengo preguntándome por qué los sistemas agroforestales y otras prácticas agroecológicas ancestrales, a pesar de todos los beneficios que muestran en comparación a un monocultivo, no se ha extendido más y cómo podría yo contribuir a cambiar esta realidad. En mi búsqueda encontré que una de las razones es que no existe suficiente conocimiento sobre el manejo silvicultural de las miles de especies de arboles nativos del trópico y menos cómo se comportan en un sistema agroforestal y/o silvopastoril.

El dinde  (Maclura tinctoria), es una de las 30 especies que hemos sembrado en la finca como parte de nuestro sistema agroforestal. Esta especie nativa que produce una madera de excelente calidad se ha usado para hacer traviesas de ferrocarril, postes para cercas, muebles y corrales. También se ha usado  para producir un tinte natural llamado fustic que da tonos que van desde el amarillo hasta el castaño oscuro y que fue muy popular a principios del siglo XX en Europa. Su savia blanca lechosa tiene propiedades medicinales, sus frutos son comestibles y atraen aves y mamíferos que son claves para restaurar las funciones del agroecosistema. Finalmente, pero no menos importante, tiene espinas que le permiten defenderse muy bien del ganado (pero no de los caballos que les encanta comer su corteza), lo cual permite reintroducir el ganado al potrero rápidamente, apenas unos 18 meses después de sembrarse, comparado a 3 o 4 años que hay que proteger otras especies como el guamo.

Como muchos otros agricultores y ganaderos, nosotros no conocíamos mucho acerca del manejo silvicultural de los árboles. No contábamos con información sobre sus patrones de crecimiento, distancias de siembra, frecuencia e intensidad de podas, o raleos y turno final si son árboles maderables. Todo esto esencial para hacer un adecuado diseño del sistema y poder sacar máximo provecho tanto de los árboles como del pasto y los demás cultivos que están creciendo bajo los árboles.

Así fue como decidí enfocar mi trabajo de maestría sobre el dinde en sistemas silvopastoriles como punto de entrada para aprender sobre ciencia forestal, sistemas agroforestales, restauración ecológica y agroecología.

En mi recorrido buscando y midiendo árboles de dinde por días y semanas enteras en fincas del Quindio, Valle del Cauca y Risaralda, una región principalmente agrícola en el valle interandino entre la cordillera central y occidental, he sido azotada por zancudos, me he chuzado con espinas incontables veces, me han picado hormigas, me he envuelto en telarañas, me he encontrado con enormes y coloridas arañas, gusanos, cucarrones, abejas, avispas y mariposas. Tengo fotos de colibríes, loros, gaviotas, guatines, armadillos, flores y muchas plantas que no conocía. Me he caído, se me ha roto la ropa pasando por alambrados, he sudado bajo el intenso sol, me han sorprendido aguaceros y he escuchado todo tipo de historias de vida y recibido conocimientos que ya creía perdidos.

Sobretodo, he podido ver la región donde nací y crecí con otros ojos. Ojos que indagan por que una especie crece aquí y no allá, qué especie es buena para recuperar un suelo degradado, cuál es buena para sembrar en la orilla de las quebradas y restaurar caudales y la calidad del agua, cuál le gusta a las aves, cuál ofrece buena sombra para el cultivo, cuál atrae el enemigo natural de la plaga, cuál produce madera o leña, cuál es medicinal, y cuál es buena para todo!

En mis conversaciones con las personas que me he cruzado en este viaje constaté que no sólo existe poco conocimiento el manejo silvicultural de los arboles sino también sobre qué especies sembrar de acuerdo al clima, los suelos y las diferentes necesidades de la finca. También confirmé que en muchos casos la razón por la cual no se siembra o se conserva los árboles en las fincas es por los ineficientes y complicados trámites que hay que hacer para aprovechar los productos maderables de los sistemas agroforestales. 

Igualmente se hizo evidente que los productores agroecologicos necesitan contar con mercados que paguen un precio justo por el trabajo que están llevando a cabo en sus fincas, como también que se desarrollen las cadenas de valor para productos de los sistemas agroforestales poco conocidos pero con potencial.

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